Educación emocional



¿Qué es la educación emocional?

La educación emocional es entendida como el desarrollo planificado y sistemático de habilidades de autoconocimiento, autocontrol, empatía, comunicación e interrelación. Ha cobrado un papel fundamental y hoy requiere ubicarse de forma transversal en la programación educativa y la práctica docente. En este contexto, se hace indispensable formar maestros “emocionalmente inteligentes”, que puedan, a través de sus experiencias, enseñar a reconocer, controlar y expresar respetuosa y claramente sus emociones. El clima del aula, generado por la actuación del maestro, impactará definitivamente en el aprendizaje de los alumnos.


En las últimas décadas, la educación viene experimentando un interesante cambio de paradigma. Mientras que, hasta hace muy poco tiempo, se orientaba fundamentalmente al desarrollo cognitivo y la adquisición de conocimientos, actualmente ha reconocido la enorme necesidad de concebir al ser humano como un todo integrado; es decir, por los aspectos cognitivos, afectivos y morales que interactúan permanentemente con el entorno.

La educación emocional, entendida como el desarrollo planificado y sistemático de programas educativos que promueven la inteligencia emocional, aparece como un complemento indispensable de desarrollo cognitivo y una herramienta fundamental en la prevención de problemáticas sociales.


Y, ¿qué es la inteligencia emocional? Es una habilidad para reconocer, percibir y valorar las propias emociones, así como para regularlas y expresarlas en los momentos adecuados y en las formas pertinentes.

Existe hoy en día, bajo mi punto de vista, la conciencia de cómo de importante es formar a los  lumnos y alumnas en este sentido (tanto o más que en lo cognitivo y en los contenidos). Pero debemos ser conscientes también del papel del docente en este proceso.

¿Cuál es el rol del docente?

Siendo la finalidad de la educación formar estudiantes emocionalmente competentes (capaces de reconocer y manejar sus emociones), y, por lo tanto, de relacionarse con los demás de forma adecuada y pacífica, surge el planteamiento de una educación emocional como forma de implicar al proceso educativo en la búsqueda de este logro. La educación emocional comprende la promoción del desarrollo de unas competencias emocionales, a través de una programación sistemática y progresiva, de acuerdo a las edades de los alumnos que, idealmente, se reflejen en el currículum y acompañen al aprendizaje de conocimientos y habilidades. Y esto se hace necesario en todos los niveles de la educación y en todas las etapas de desarrollo.

Esta intervención, enfocada al desarrollo afectivo y mediada por la educación, ya no debe reducirse a actividades aisladas, como las realizadas en la “hora de tutoría”.
Corresponde, más bien, al acto educativo en sí. Resulta transversal a la práctica docente, por lo que ya no son solo los tutores los encargados de trabajar los temas afectivos, sino también todos los maestros que interactúen con alumnos.

Necesitamos para ello un docente emocionalmente inteligente, que será el encargado de formar y educar al alumno en competencias como el conocimiento de sus propias emociones, el desarrollo
del autocontrol y la capacidad de expresar sus sentimientos de forma adecuada a los demás.
Para que el profesor se encuentre preparado para asumir este reto, es necesario, en primer lugar, que piense en su propio desarrollo emocional: solo entonces estará apto para capacitarse y adquirir herramientas metodológicas que le permitan realizar esta labor.

Y para realizar esta labor las metodologías y los recursos disponibles son innumerables.
A mí me gustaría destacar uno de ellos, que pone a disposición de los docentes la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.
Se trata del "Antiprograma de educación emocional" Sentir en primera persona. Un material didáctico que plantea actividades y dinámicas para trabajar a nivel de centro y en todos los niveles la Educación Emocional. Puede accederse a él pinchando en el enlace.


En mi clase, la educación emocional está presente de forma transversal. No se trabaja de forma aislada pero si aparece ligada a cualquier tema con el que se esté tratando. Y se le da importancia. Tanta como al resto de contenidos. No hay problema en dejar de hacer matemáticas o lengua para detenernos a entender y resolver cualquier conflicto que pueda surgir a nivel emocional.
Creo que es indispensable que el trabajo emocional se lleve así, dándole el sitio que le corresponde, aún más en niños y niñas con 6 y 7 años.


Referencias bibliográficas:

  • Buitrón Buitrón, Sigrid; Navarrete Talavera, Patricia. (Diciembre 2004). El docente en el desarrollo de la inteligencia emocional: reflexiones y estrategias. Revista Digital de Investigación en Docencia Universitaria, Año 4 Nº1, 1-9.
  • José Ángel García Retana. (Enero 2012). La educación emocional, su importancia en el proceso de aprendizaje. Revista Educación, 36 (1), 97-109.

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